SUEÑO IMPOSIBLE
Tarde de domingo llena
de desilusión y lluvia
libro sólo, abandonado,
mudo testigo vencido
pues ya sabe que esta tarde
no lo tendré como amigo.
Vaso de wisky vacío
teléfono que no suena
el reloj marca las horas
que van pasando con pena.
Miro por el ventanal
con la esperanza secreta
de verle por fin llegar
bajo la tormenta fiera.
Goterones van marcando
mis lágrimas que no cesan
la tarde sigue avanzando
como ejército de piedra,
lento, pesado y oscuro
pensando que va a llegar
con seguridad a la meta.
No quiero seguir llorando
ni desesperar inquieta
me recluiré en la noche,
dejaré la puerta abierta
y arrebujada en mi cama
esperaré a que amanezca.
Si vuelves te acogeré
más si no te vuelvo a ver
te recordaré por siempre
como el sueño que no fue
como el amor imposible
que nació y murió a la vez.
sábado, 27 de septiembre de 2008
domingo, 21 de septiembre de 2008
Mare Nostrum
MARE NOSTRUM
El aire fresco del mar, acaricia mis sentidos
como dedos misteriosos que fueran tejiendo hilos
hilos de seda y de sal, espuma de encaje blanco
luces lejanas que tiemblan, oscuras sombras de barcos.
La suave brisa marina apacigua los latidos
de los pulsos castigados, de los corazones limpios
de las mentes torturadas, de los impulsos indignos.
Mar, Mare Nostrum nuestra, Mediterráneo cautivo
a cuyas orillas fluyen, secas tierras, verdes pinos
arenas blancas suaves, acantilados altivos
verde limón, amapola, verdes hojas del olivo.
Pueblos de torres azules, de piedra blanca, castillos.
Mediterráneo me muero, me desangro y me desvivo
cada día que transcurre sin poder ver el reflejo
de la luna y las estrellas, sobre tu espejo marino.
Temperamento que asoma al borde del precipicio
que canta, ríe o que llora, vertiendo lágrimas puras
en los riscos, en las olas que se mezclan mar adentro
donde la tierra se pierde, con otros mares ancestros.
Amaneceres rosados que dan paso al sol bravío
al atardecer, perfume de albahaca, jazmines, lirios
y por la noche el susurro, el sonido de los siglos
el vaivén tan dulce y rítmico, mar querido, mar querido,
siempre, siempre, hasta mi adiós quiero sentir tu latido
tu arrullo, tu abrazo suave, tu orilla blanca, tu abrigo.
El aire fresco del mar, acaricia mis sentidos
como dedos misteriosos que fueran tejiendo hilos
hilos de seda y de sal, espuma de encaje blanco
luces lejanas que tiemblan, oscuras sombras de barcos.
La suave brisa marina apacigua los latidos
de los pulsos castigados, de los corazones limpios
de las mentes torturadas, de los impulsos indignos.
Mar, Mare Nostrum nuestra, Mediterráneo cautivo
a cuyas orillas fluyen, secas tierras, verdes pinos
arenas blancas suaves, acantilados altivos
verde limón, amapola, verdes hojas del olivo.
Pueblos de torres azules, de piedra blanca, castillos.
Mediterráneo me muero, me desangro y me desvivo
cada día que transcurre sin poder ver el reflejo
de la luna y las estrellas, sobre tu espejo marino.
Temperamento que asoma al borde del precipicio
que canta, ríe o que llora, vertiendo lágrimas puras
en los riscos, en las olas que se mezclan mar adentro
donde la tierra se pierde, con otros mares ancestros.
Amaneceres rosados que dan paso al sol bravío
al atardecer, perfume de albahaca, jazmines, lirios
y por la noche el susurro, el sonido de los siglos
el vaivén tan dulce y rítmico, mar querido, mar querido,
siempre, siempre, hasta mi adiós quiero sentir tu latido
tu arrullo, tu abrazo suave, tu orilla blanca, tu abrigo.
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