sábado, 15 de noviembre de 2008

EL PIE DERECHO DE ALICIA

El mundo es un pañuelo, la realidad supera a la fantasía y las grandes casualidades existen, ¡vaya si existen!. Hola, soy un pié derecho, si, han leído bien, soy un pié completo y perfecto. Pertenezco a mi dueña, Alicia, una chica simpática y alegre que no da un paso sin que yo me entere... je, je, elemental. Ali vive en Madrid con su marido, Godofredo, un costarricense que vino a España hace unos pocos años. En su país trabajaba en un jardín botánico en la provincia de Heredia y cuando vino “acá” como dice él, se trajo infinidad de semillas de plantas selváticas para que le hicieran recordar su añorada tierra y como a Alicia le encantan, tenemos la casa como una selva amazónica.
Ellos se enamoraron en una verbena, una noche preciosa de verano que resultó ser un tormento para mí, pues Ali se empeñó en enseñarle a bailar el chotis y tuve el pié izquierdo de Godo toda la noche sobre mí en lugar de en un ladrillo que era “lo chupi” y correcto, pero como a ella le hizo tilín... pues yo...¡qué remedio! como un cab..., ¡ a aguantar!. Estos puntos suspensivos se deben a que Alicia es anti-tacos y yo por respeto le sigo la corriente. Su padre que era maestro de escuela, le inculcó la “distinción y los buenos modales” como él decía cargado de razón.
A Alicia, por ejemplo cuando se le escapa el autobús en lugar de exclamar ¡ me cago en D..., dice bajito: ¡Santo Cristo Viajero!, en fin, un poco cursi pero muy buena gente, yo la acepto como es por que como estoy tan unido a ella... ¡hala! otra parida. Ali trabaja de esteticién en una peluquería del centro y el Godo, de jardinero en una lujosa urbanización, pero en fin, sigamos con mi historia que es lo que mola. aunque habrán notado que a mí el Godo ese no que cae muy bien, pues aunque es un buen hombre, trabajador y cariñoso con Alicia, no me llega a tocar la fibra sensible. Por ejemplo, yo antes de casarse mi ama, dormía entre sus sábanas siempre perfumadas y suavizadas, moviéndome de un lado a otro, o sea, ¡ancha es Castilla!, mi hermano izquierdo al Este y yo al Oeste, y desde que nos invadieron los pies de Godo, la cama parece una pista de autos de choque, además, el tío es muy nervioso durmiendo y se baila unas jotas que no vean... y no digamos cuando se pone a “jugar” con Ali..., pero eso no tiene solución, y es tanta la cercanía que nos une... que no me queda más remedio que aguantar.
Mi dueña es una mujer normal y corriente, ni guapa ni fea, ni alta ni baja, pero el caso es que tiene una parte de su cuerpo que no es nada vulgar ni corriente y aquí está el verdadero “intríngulis” de esta pequeña historia. Tiene ficha abierta en una agencia de castings que provee de partes del cuerpo de personas (metafóricamente hablando) a publicistas y estudios de televisión y cine. Aunque resulte presuntuoso decirlo la parte perfecta de su cuerpo soy yo, mi menda. Ustedes me habrán visto muchas veces en la tele anunciando crema para los talones, callicidas o plantillas ortopédicas o bien emergiendo de un baño de espuma picarón y provocativo en alguna escena erótica, nunca porno ¡pardiez! que diría Alicia. Así es que ya saben, cuando vean un pié derecho en algún anuncio televisivo, casi seguro ¡soy yo!.
Puede que me pase de deslenguado y pizpireto pero no soy despistado ni ando mal del oído como Ali, que la pobre, debido al ruido de los secadores del salón anda un poco “teniente”, y se preguntarán por qué saco esto a colación... pues paciencia que pronto se enterarán.
Aquel sábado, de climatología revuelta, ya después de haber cenado nos disponíamos a acostarnos pronto pues queríamos madrugar para ir a casa de la madre de Alicia, que vivía (y vive aún) en un pueblito manchego. Godo estaba muy contento pues le encantan los guisos que le prepara su suegra, que si migas, gazpacho, duelos y quebrantos... en fin, todo le cae bien a su agradecido estómago. Sobre las diez y media sonó el teléfono era Noemí, la compañera de trabajo y además amiga de Ali. Estuvieron hablando un par de minutos y al colgar mi ama estaba contrariada pero contenta, se dirigió a Godo que estaba vaporizando las plantas delicadamente (cosa que hace cada noche y cada mañana) y le dijo: Me ha llamado Noemí por que ha leído en el periódico que mañana hay un casting en los estudios de Antena 23 solicitando un pié derecho así que no puedo desperdiciar esta ocasión y me voy a presentar. Godo se quedó con el vaporizador en alto y cara de disgusto, pero si ya hemos avisado a tu mamá y seguro que le daremos una decepción si no vamos, contestó, la pobre está tan sola desde que murió tu papá. Ya lo sé cariño, contestó Ali, pero tengo que ir, es un dinerito que nos vendría muy bien, además encima de las vacaciones... Si, si, repetía Godo pensando en las migas con tropezones, las vacaciones las podemos pasar en el pueblo y nos salen bien baratas. Ali atacaba: pues yo ya estoy harta de bañarme en la charca de la huerta todos los veranos. ¿No te apetecería más un largo fin de semana en Benidorm?, bañito por la mañana, paella en el chiringuito a mediodía, puesta de sol romántica por la tarde y por la noche... No sigas, no sigas, ya me has convencido, aunque eso será si te contratan. Me contratarán, seguro, no fallo nunca, contestó su mujer. Pues claro que sí pensaba yo con aires de superioridad, ¡qué se habrá creído este!.
Aquel domingo Alicia se levantó temprano y me estuvo repasando atentamente para dejarme impecable, a izquierdo también estuvo embadurnándolo de crema, pero menos,
claro, ya que con él no iba el asunto. Ali se encaramó sobre los altos tacones de sus sandalias preferidas, cogió el paraguas pues el tiempo estaba amenazante y se despidió de Godo. No olvides llamar a mi madre y dile que iremos el domingo próximo, hasta luego cariño. Vale contestó el pobre medio dormido, que haya suerte, musitó.
Cuando salimos a la calle comenzó a llover ligeramente, como ya presagiaba desde la noche anterior. ¡Madre mía! exclamó Alicia, se me va a poner el pié perdido. Empezamos a andar lo más rápido que nos permitían los dichosos tacones y tuvimos suerte, pues llegó enseguida el autobús que nos dejaba además muy cerca de los estudios.
Qué raro que no me haya avisado de este casting la agencia, musitaba Ali. Eso pensaba yo también pero no nos dio tiempo a pensar más, habíamos llegado a nuestro destino. La lluvia iba en aumento y teníamos que pasar por un pequeño jardín para entrar en el edificio ya que no podíamos dar un rodeo pues íbamos con el tiempo justo. Total, que yo llegué hecho una pena, salpicado de barro y arrugado como una pasa. Entramos rápidamente en el recinto y nos sentamos en un banco que había al lado de un macetero. Ali sacó su pañuelo del bolso y estuvo secándome y limpiándome lo mejor que pudo hasta que quedé casi decente. Una vez quedó todo n orden me puse a otear el horizonte. Aquello era como un mercadillo callejero en domingo. Habían dos salas abiertas y una gran cantidad de madres con sus bebés rubios y gordito, que armaban una barahúnda de miedo. También observé muchas personas que llevaban plantas verdes, largas, como trepadora. Alicia también lo observó y un poco mosqueada se dirigió al encargado de todo aquel tinglado para informarse: Oiga, por favor, ¿qué sala es la del casting para el pié derecho? ¿para el pié qué? contestó el empleado. Para el pié de-re-cho repitió Alicia recalcando la palabra. Que yo sepa sólo hay dos castings, contestó el hombre a voz en grito, pues los niños lloraban ya en estéreo: sala 1, bebés gordos y rubios, sala 2, pié de helecho rico en epífitos H y menophyllum oriundo del cantón de Sarapiqué (Costa Rica). Pasaron unos segundos hasta que reaccionamos. Yo pensé: ¡co...! ¿qué dice este tío?. Vaya metedura de pata, que no de pié! y enseguida escuché un rotundo ¡coño! salido de la boca de Alicia y seguido de un: ¡perdón papá!, que hizo parar por un segundo el concierto de berridos de los bebés. No puede ser, no puede ser, lo que me dijo Noemí era pié de helecho, que sabe que tengo infinidad de ellos en casa, no pié derecho, y empezó a reír histéricamente mientras mascullaba: tengo que ir al otorrino sin falta, pero sin falta.
El empleado estaba absorto mirando a Alicia, pues no entendía nada y cuando hizo un gesto para alejarse de allí, Ali lo cogió por la manga de la chaqueta y le espetó: no se vaya por favor que esto es la anécdota más absurda y graciosa que me ha ocurrido en la vida. Vamos a ver: ¿cómo es que piden esta planta de origen tan lejano? Pues creo que es para el rodaje de una serie ambientada en el Siripiqué ese, contestó y como está tan lejos y aquí hay tantos inmigrantes de esa parte del mundo, han pensado en probar suerte. ¡Bingo!, exclamó Alicia, yo tengo esa planta y también el helecho biforita y un montón más, solo tengo que ir a mi casa, dejarla como un desierto y volver, pero hay un problema, que vivo un poco lejos de aquí; estamos hasta la una de la tarde, apuntó el señor entusiasmado con el tema. Alicia consultó el reloj que marcaba las doce y cinco minutos. Me voy volando y antes de la una estoy aquí ¡seguro!, pero, por favor, espéreme si me paso unos minutos, sea bueno... El hombre sonrió y contestó: vaya, vaya rápido, que hasta ahora no ha aparecido el dichoso helecho.
Salimos corriendo como si nos persiguieran, paramos un taxi y comenzamos la aventura de poder volver a tiempo a los estudios con las trepadoras. Después de acumular tensión y nerviosismo en grandes dosis y de acabar casi con la paciencia del taxista, llegamos a casa a las doce y media. Como una exhalación nos vio entrar Godofredo que estaba tan tranquilo en la cocina preparando unas tortitas de maíz. ¿Qué ocurre?, preguntó alarmado mientras Alicia trataba de despegar el helecho epifitas que estaba acomodado, tan tranquilo él, sobre el frigorífico, sin que se estropeara. Pero, ¿Por qué coges la planta? seguía preguntando Godo sin entender nada. Luego, luego te lo explicaré, tengo un taxi esperando... y un portazo fue lo último que se escuchó en la casa, mientras Godo quedó con una tortita en la mano cual estatua de sal.
Resumiendo y para terminar: llegamos a tiempo, nadie había llevado la plantita dichosa, el helecho quedó contratado y yo respiré tranquilo, pues no podía soportar más el dolor y la irritación de tanta carrera. Izquierdo lloraba agotado y yo hasta sentí pena de él porque ser hermano de un pié perfecto como yo y pasar toda esta aventura sin ser de su incumbencia debe producir una frustración bestial... ¡qué le vamos a hacer!.
Aquel verano fuimos de “cortas vacaciones” a Benidorm, pues lo que le pagaron a Alicia tampoco fue para echar cohetes, pero pude hundirme en las aguas del Mediterráneo y pisar sus doradas arenas, lo pasamos muy bien gracias al simpático helecho de allende los mares.
A la vuelta de las vacaciones el frigorífico volvió a convertirse en una pequeña selva de nuevo, Alicia visitó al otorrino y Godo siguió bailando el chotis sobre mí en las verbenas ¡maldita sea!, vaya, perdón y la vida como dice la canción siguió igual.
Como habrán comprobado a veces la vida es un pañuelo, la realidad supera a la fantasía y las grandes casualidades existen ¿verdad?.

Tina Jover

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