domingo, 12 de octubre de 2008

Alma liberada

Qué negros algodones ensucian ya mi cuerpo,
qué malas sensaciones, qué impotencia feroz
espero, ardo en deseos de convertirme en nube
y unirme allá en el cielo con la estrella fugaz.
Una vez en la esfera que ilumina la luna,
bañarme con el aire que perfuman las rosas
jugar con los luceros que anuncian la mañana
y antes de que los rayos del sol me desvanezcan,
envolverme en el polvo leve de las estrellas.


Seré un gran navegante sobre el mar en silencio,
recorreré los montes cual pájaro emigrante
iré lejos, muy lejos, más allá de la mente,
más allá del hechizo, más allá del torrente.
El agua cristalina rebosante de espuma
me ofrecerá su lecho de descanso de luna
nunca más volveré a la ingrávida tierra,
no más dolor ni carga de estúpida firmeza,
del polvo hemos nacido y el mismo nos espera,
no seré polvo gris, sino polvo de estrellas.

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