MI NIÑEZ EN GRANADA
Granada, sólo tu aroma, me evoca la morería,
esos patios de naranjos, ese sol que martiriza,
esas fuentes en las plazas, esa brisa matutina.
La Alhambra allá en lo más alto, oteando el mar lejano,
recibiendo la primera, los rayos del sol temprano.
Una suave melodía se va escuchando en los barrios
lamento de la guitarra, lamento de los gitanos.
Granada, vega, canción, claveles en las ventanas,
arte que brota del suelo, que sube por las murallas,
igual que una enredadera de jazmines perfumada.
Yo fui niño en mi Granada y descubrí la grandeza
del misterio de la Alhambra jugando en sus patios moros,
trepando por sus murallas y mojé mis pies descalzos
en el agua rumorosa que de los jardines mana.
Respiré la nieve, el aire, de su sierra soberana
mi alma pura, adolescente, se nutrió de arte y de raza.
Cuando tuve que partir, mientras el tren se alejaba,
guardé dentro de mi ser el olor fuerte de azahar,
el taconeo, la zambra y el murmullo de las fuentes
que le dan vida a la Alhambra.
Algún día volveré, en busca de tu mirada
con lágrimas de emoción mis ojos verán mi infancia
y por la orilla del Darro paso tras paso andaré
la senda nunca olvidada, vivencias que allí dejé,
pues fui niño en mi Granada.
Granada, sólo tu aroma, me evoca la morería,
esos patios de naranjos, ese sol que martiriza,
esas fuentes en las plazas, esa brisa matutina.
La Alhambra allá en lo más alto, oteando el mar lejano,
recibiendo la primera, los rayos del sol temprano.
Una suave melodía se va escuchando en los barrios
lamento de la guitarra, lamento de los gitanos.
Granada, vega, canción, claveles en las ventanas,
arte que brota del suelo, que sube por las murallas,
igual que una enredadera de jazmines perfumada.
Yo fui niño en mi Granada y descubrí la grandeza
del misterio de la Alhambra jugando en sus patios moros,
trepando por sus murallas y mojé mis pies descalzos
en el agua rumorosa que de los jardines mana.
Respiré la nieve, el aire, de su sierra soberana
mi alma pura, adolescente, se nutrió de arte y de raza.
Cuando tuve que partir, mientras el tren se alejaba,
guardé dentro de mi ser el olor fuerte de azahar,
el taconeo, la zambra y el murmullo de las fuentes
que le dan vida a la Alhambra.
Algún día volveré, en busca de tu mirada
con lágrimas de emoción mis ojos verán mi infancia
y por la orilla del Darro paso tras paso andaré
la senda nunca olvidada, vivencias que allí dejé,
pues fui niño en mi Granada.
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