sábado, 11 de octubre de 2008

Mis manos varadas

El silencio de mis manos
grita fuerte, se desgarra,
es una marea alta,
como nave el corazón,
como pasajera el alma,
como amiga la emoción
que se derrama entre lágrimas.

Las sensaciones se agitan, se rebelan,
se contraen, luchan por salir afuera
y se encuentran con la nada,
la impotencia más tirana,
los recueros dulces, tiernos
y otros amargos, muy negros.

El mar siempre en mi destino,
en calma, bronco, bravío,
azul con olitas blancas,
gris con las nubes muy bajas
y mi silencio, mis manos,
en la arena fina y blanca
varadas, allá en la playa.

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